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Entrevista con Rafael Yuste: “Los neuroderechos son nuevos derechos humanos”
Por Ana María Muñoz

Rafael Yuste, neurobiólogo español, ideólogo del proyecto BRAIN y académico de la Universidad de Columbia, volvió a Chile para participar de la decimotercera versión del Congreso Futuro. En su charla, el experto en neurotecnología puso en valor el progreso que se ha logrado en Chile sobre el tema e instó a más países a seguir este ejemplo. En esta entrevista buscamos profundizar en la importancia de este nuevo grupo de derechos y conocer de qué nos estarían protegiendo.

Jueves 18 de enero de 2024.- “Los neuroderechos son nuevos derechos humanos que protegen la actividad del cerebro y la información cerebral” Así los define Rafael Yuste, doctor en neurobiología académico de la Universidad de Columbia, EE.UU., codirector del Instituto Kavli de Ciencias del Cerebro y creador del proyecto BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies),que busca acelerar el desarrollo de neurotecnologías innovadoras. 

La neurotecnología consiste en métodos o dispositivos que miden, estudian o analizan la actividad del cerebro con el objetivo de comprenderla o, por otro lado, cambiarla. Pueden ser electrónicos, ópticos, magnéticos, acústicos y hasta moleculares. Se basan en distintos tipos de tecnologías pero especialmente en la inteligencia artificial.

El Dr. Yuste lleva años trabajando en proyectos que podrían significar una esperanza para miles de personas con enfermedades cerebrales. Esta trayectoria no sólo le ha servido para imaginar las posibilidades de la neurotecnología, que cada vez toma más fuerza, sino que también le ha permitido reconocer sus potenciales peligros.

Por eso, ha asistido en reiteradas ocasiones al Congreso Futuro que se realiza cada año en Chile. Estas instancias no sólo le han servido para difundir el progreso que él y sus colegas han logrado en torno al desarrollo de neurotecnologías que nos permitan soñar con un futuro mejor, también ha procurado manifestar su preocupación en torno a las limitaciones y precauciones que deberían tomarse en esta materia.

Durante el Congreso Futuro 2024, la versión más reciente que comenzó el lunes 15 de enero y finalizará este sábado 20 de enero, Rafael Yuste retomó nuevamente esta discusión. Esta vez, durante el bloque Neuroderechos: discusión constante hizo un especial hincapié en los avances legislativos que se han logrado en Chile respecto a este nuevo grupo de derechos.

El neurobiólogo contó que fue el en ese entonces senador Guiro Girardi quien lo invitó al Congreso Futuro de 2018 a hablar sobre los neuroderechos, algo que desembocó en un trabajo en conjunto al Comité del Senado.“En una cuestión de dos años, el Senado primero y la Cámara después, aprobaron de manera unánime una reforma constitucional al Artículo 19 de la Constitución Chilena, actualmente vigente todavía, que protege la actividad cerebral y la información procedente de ella”, afirmó Rafael Yuste.

“Esa reforma constitucional fue firmada por el presidente en noviembre del 2021. Chile se convirtió en el primer país en el mundo en la historia en proteger la actividad cerebral de su ciudadanía”, agregó para luego recibir los aplausos de las personas asistentes. Además, un proyecto de ley de regulación de neurotecnologías propuesto en paralelo aún se encuentra en tramitación en el Congreso Nacional.

El efecto de ambos proyectos ha llegado a países de todo el mundo que también buscan elaborar su propia legislación sobre neuroderechos. “Está reverberando por todo el mundo como un efecto mariposa que puede llevar a un cambio de política a nivel mundial…”, expuso Yuste. Con todo esto, surge la pregunta ¿Por qué son tan importantes estos derechos?

 

–¿Por qué son necesarios los neuroderechos?

–Son necesarios por el gran desarrollo reciente de la neurotecnología. Se ha desarrollado inicialmente por razones científicas, para estudiar el cerebro de animales y entender cómo funciona, y por razones médicas, para estudiar las enfermedades cerebrales, tanto mentales como neurológicas, y poder curarlas. Entonces, el objetivo de la neurotecnología es beneficioso para la sociedad. De hecho, es muy importante, porque las enfermedades cerebrales son una plaga que va en aumento y afectan a gran parte de la humanidad. El problema con las neurotecnologías es el uso que puedes darle. Igual que todo, las cosas son buenas o malas dependiendo del uso que les des.

 

Creemos que es un problema agudo y urgente el proteger la actividad cerebral para prevenir que se descifre el pensamiento de las personas o las emociones de las personas sin su consentimiento.

En el último año, gracias a la introducción de inteligencia artificial, se empieza a descifrar, por lo menos en ciertos casos, el lenguaje interno de las personas, que es en realidad cómo muchas de las personas piensan. Se pueden descifrar las emociones, incluso los gestos faciales, simplemente al registrar la actividad cerebral y utilizando inteligencia artificial para analizarlo. Entonces, por eso creemos que es un problema agudo y urgente el proteger la actividad cerebral para prevenir que se descifre el pensamiento de las personas o las emociones de las personas sin su consentimiento.

 

–Como persona que investiga y busca el progreso de las neurotecnologías, ¿de dónde nace esa inquietud por regularlas?

–Yo soy médico y científico y me he dedicado toda mi vida a entender cómo funciona el cerebro para poder ayudar a los pacientes. Y para entender cómo funciona el cerebro, con mis colaboradores en los últimos treinta años hemos desarrollado muchos métodos ópticos utilizando láseres para poder descifrar la actividad cerebral y cambiarla. Entonces somos, de hecho, incluso líderes en neurotecnología y sabemos perfectamente la potencia que tiene. 

De hecho, en nuestro laboratorio hace cinco años logramos descifrar la actividad cerebral de un ratón en la corteza visual, la parte del cerebro que tiene que ver con la visión, de manera que podemos descifrar lo que el ratón está viendo simplemente leyéndole la actividad cerebral. Y, además, pudimos cambiarla, introducir en el cerebro del ratón imágenes de cosas que no estaba viendo y el ratón se comportaba como si las estuviese viendo. Esto fue para nosotros un momento crítico porque nos dimos cuenta de la potencia de la neurotecnología para descifrar y manipular la actividad cerebral. Y si esto se puede hacer en un ratón hoy, se puede hacer en un humano mañana. En el mismo tiempo me empecé a preocupar de las cuestiones éticas de la regulación de la neurotecnología. Es una cosa en la que nunca había trabajado, pero sentí como científico la responsabilidad de alertar a la sociedad sobre estos temas. Y esto dio lugar a la creación de la propuesta de los neuroderechos que he comentado.

 

–En concreto, ¿cuál podría ser el peligro de estas tecnologías?

–El peligro más urgente tiene que ver con la privacidad mental. Ahora mismo se están vendiendo, de una manera abierta en el mercado, muchos dispositivos de neurotecnología que registran la actividad cerebral a través de cascos de electroencefalograma o diademas, gafas, auriculares o incluso pulseras. Estos dispositivos están acumulando muchos datos sobre la actividad cerebral de los usuarios. Estos dispositivos no tienen ninguna regulación actualmente. Se venden libremente como si fuese electrónica del consumidor. Los puedes comprar en Amazon. Hemos estudiado los contratos con los clientes de sesenta dispositivos de este tipo y en todos los casos las empresas toman posesión de todos los datos cerebrales de la persona. Por un lado tienes esta falta completa de regulación y por el otro tienes la posibilidad de descifrar estos datos con inteligencia artificial. Creo que estamos en un momento muy urgente porque es cuestión de poco tiempo para que se empiece a descifrar la actividad cerebral de las personas que han comprado estos dispositivos.

 

Yo creo que la privacidad mental tiene que ser un santuario de nuestra intimidad y que no puede ser accesible. Tendría que ser una línea roja que no se puede cruzar.

 

Quizá el problema más urgente que yo veo es proteger la actividad mental para que los dispositivos neurotecnológicos no puedan descifrar la actividad cerebral de los clientes o de los ciudadanos sin autorización previa. Las compañías neurotecnológicas toman posesión de los datos porque buscan venderlos, igual que las compañías tecnológicas venden nuestros datos de Internet, o del teléfono móvil, y con eso ganan dinero. Esto puede ser utilizado de una manera comercial, para publicidad o de una manera nefasta, para influir la opinión de la gente, para descubrir cosas sobre la gente que pueden ser utilizadas en contra suya. Yo creo que la privacidad mental tiene que ser un santuario de nuestra intimidad y que no puede ser accesible. Tendría que ser una línea roja que no se puede cruzar.

 

–Un ejemplo de cómo los datos de una persona pueden usarse en su contra es imaginar la posibilidad de que se penalice, persiga o discrime a la gente por características averiguadas a través de estos datos, cómo se podría hacer con los algoritmos que predicen el género u orientación de alguien sólo en base a sus datos en Internet…

–Sí, la información cerebral es mucho más importante que la información biométrica o la información que tenemos en el teléfono móvil, incluso que nuestro ADN porque el cerebro no es un órgano más del cuerpo, es el órgano que genera la mente humana. Todas las habilidades mentales y cognitivas están generadas por el cerebro. Estoy hablando de nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestras emociones, nuestras memorias, nuestro comportamiento, incluso nuestro subconsciente, que ni siquiera somos conscientes de él. Todo eso es generado por el cerebro. Entonces, si tú tienes tecnología que te permite entrar en el cerebro, mapear la actividad y descifrarla, en principio puedes descifrar todo lo que es un ser humano. No hay nada más. Entonces, yo creo que los datos cerebrales tendrían que ser los datos más sagrados, los que nunca pueden ser motivo de comercio ni de desciframiento sin el consentimiento de las personas, por supuesto. 

 

–Ahí entra en juego la identidad personal, el razonamiento de una persona, básicamente todo lo que es una persona se encuentra ahí…

–Exacto, es la definición. Los seres humanos nos definimos a nosotros mismos por nuestra mente, por nuestras capacidades mentales. Y como digo, la mente no sale así del aire, sale de la actividad neuronal del cerebro. Con lo cual, si tú puedes entrar en el cerebro, mapear la actividad neuronal y descifrarla, pues por regla de tres puedes mapear la actividad mental y descifrarla. En el futuro, la neurotecnología se utilizará para alterar la actividad cerebral, igual que ya hemos hecho en ratones. Con lo cual, por regla de tres, esto permitirá cambiar la actividad mental de las personas, cambiar la mente de las personas. Es una situación que requiere la máxima protección. Yo creo que es mucho más serio que el problema de los algoritmos, que el problema de la biometría, del ADN, o de información en redes sociales o información en los teléfonos móviles.

 

–¿Cómo se vinculan los neuroderechos con la idea de los derechos humanos?

–Los neuroderechos se pueden entender como una expansión de los derechos humanos existentes hasta ahora. Todos los derechos humanos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en los ocho tratados internacionales de derechos humanos auspiciados por la ONU en realidad protegen la vida y el cuerpo de las personas pero no sus mentes. Esto no había sido nunca necesario porque no teníamos la manera de entrar en la mente y los cerebros de las personas. Entonces, así como avanza la tecnología y avanza la sociedad, deben avanzar los derechos humanos. Ahora es el momento para poner los derechos humanos al día, expandirlos para que protejan no solamente las actividades físicas de las personas, sino también sus actividades mentales.

 

–¿Por qué el derecho a la privacidad mental es distinto a otras formas de derecho a la privacidad ya existentes?

–La privacidad mental es un problema mucho más serio que la privacidad de datos. Evidentemente, todo tiene que ver con el concepto de privacidad pero los datos cerebrales, los mentales, son los datos más importantes que tenemos en nuestra vida, porque nos definen a nosotros mismos, quiénes somos. Si miran los datos de tu tarjeta de crédito pueden saber lo que has comprado, o dónde lo has comprado, qué día lo has comprado y cuánto has pagado por él. Pero si te descifran el cerebro, pueden averiguar las razones por las cuales lo has comprado y pueden entender muchas cosas sobre ti mismo que incluso tú no sabes, porque se puede llegar al subconsciente. Entonces, desde ese punto de vista, como decía antes, la privacidad mental es el santuario de nuestra mente y los datos mentales, los datos cerebrales, tienen que ser los datos más sagrados que hay.

Rafael Yuste en Congreso Futuro 2024, con su charla Exportando la Ley de Neuroderechos